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Nueva York despierta hoy a
la verdadera furia Sandy. Con 18 muertos e inundaciones en diversas áreas de la
ciudad, donde el agua que anega calles y viviendas se halla contaminada ya, y sus
residentes sin acceso a la ayuda del exterior; o las cien casas que resultaron quemadas
en el vecindario de Rockaway, en Queens, que ofrecen una panorama que se parecen
más a un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial, o las viviendas y oficinas en
el Bajo Manhattan que se hallan a oscuras y anegadas, y el sistema vertebral de
la ciudad, los subterráneos del servicio público de trenes, llenos de agua de
mar. Porque el RÃo Hudson y el del Este subieron a más de cuatro metros de su
nivel habitual, como no se habÃa visto jamás, dicen los expertos.
La peor tormenta en daños
jamás registrada en Nueva York calcula una pérdida de más de 50 mil millones de
dólares, y de tres a siete dÃas para la limpieza más superficial y el
restablecimiento del fluido eléctrico.
La Bolsa de Valores sin
embargo comenzó hoy a operar, luego de cerrar actividades durante dos dÃas consecutivos,
lo que no habÃa sucedido desde 1888.
Un aspecto interesante para
la reflexión es el que introdujo a ABC News el gobernador de Nueva York, Andrew
Cuomo, al darle la razón a su amigo Al Gore y constatar que la existencia del cambio climático
no está más en duda.
Cuomo aseguró que en lugar
de reparar los daños ocasionados por
Sandy
habrÃa que ir pensando mejor en construir una infraestructura más apropiada para
la nueva realidad del planeta, donde meteoros tan destructivos como
Sandy, o
peores aun, s
e comienzan a repetir en lapsos
más breves,
con
mayor frecuencia y fuerza cada año que va pasando.
Porque la infraestructura
que sostiene la vida de zonas urbanas tan densamente pobladas, como la ciudad
de Nueva York y algunas ciudades al otro lado del Hudson, en Nueva Jersey, no
sólo revelan su fragilidad ante la fuerza destructiva de la naturaleza, sino
que dicha infraestructura comienza a ser obsoleta, de cara a los nuevos desafios
que se avecinan con el cambio climático, de los que meteoros como
Sandy son sus más fieles pregoneros.
Y en lo polÃtico, queda
también para la reflexión la manera como se comportaron cuatro personajes
relevantes de la localidad: Obama, por ejemplo, decidió suspender su campaña
para atender su responsabilidad como mandatario y enfrentar el gran problema
humano. No quiere seguramente que le pase lo que a Geroge W. Bush con Katrina.
Claro que atender la debacle de
Sandy
se convierte, involuntariamente o no, en un poderoso acto de campaña; no le
queda de otra sin embargo.
Mitt Romney en cambio,
aunque dijo que lo harÃa campaña en estos dÃas, por respeto a la tragedia
humana, en realidad nomás lo dijo, pero no lo hizo. Lo que hizo más bien fue un
acto de recolección de vÃveres para los damnificados, al que acudieron
suficientes cámaras de televisión y reporteros.
El gobernador de Nueva
Jersey, Chirs Christie por su parte hizo a una lado las implicaciones polÃtico electorales
que una visita de Obama a su estado podrÃa traer a la campaña demócrata a menos
de una semana de las elecciones, y exaltó la oferta y la estatura del
presidente al venir a ayudar a la población en problemas.
El alcalde de Nueva York,
Michael Bloomberg en cambio, rechazó la ayuda de Obama y hasta le pidió que se
mantuviera lejos de la ciudad, para que no fuera a sacarle provecho polÃtico a la
tragedia de los neoyorquinos, con la Estatua de la Libertad como telón de fondo.
Asà las cosas, parece que
el dilema ahora será reparar, o construir infraestructuras urbanas de cara hacia
el futuro marcado claramente por el cambio climático.
Con todo, al parecer no ha
habido tiempo para pensar todavÃa en lo que puede pasar con los dueños de
viviendas colapsadas o siniestradas que no estaban aseguradas, y quién se a echar el pleito en
las cortes con las aseguradoras. O si los patrones van a pagar por los dÃas que
los trabajadores dejen de trabajar, y si les van a restituir el dinero que
tuvieron que pagar en taxis a los que si fueron al trabajo para no ser
despedidos.
Una mesera dijo a este
reportero que para acudir a su empleo el martes pasado tuvo que pagar 15
dólares de taxi, y que iba a tener que pagar otro tanto de regreso a casa; y que en un
dÃa martes su salario, con todo y propinas, suele ser de unos 60 a 70 dólares
por 10 horas de trabajo. Esto, además de pagarle a una niñera que se hiciera
cargo de su hija pequeña, que tampoco pudo ir a la escuela porque todos los
planteles educativos públicos, asà como el
subway permanecen cerrados
hasta nuevo aviso.
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