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Se ha preguntado ¿de dónde viene
el dinero para los anuncios de campañas políticas?
Algunas interesantes respuestas las brindan un par de medios de
comunicación corporativos.
El
Washington
Post sostiene que toneladas de este dinero provienen de compañía petroleras
que se oponen férreamente a las políticas oficiales para impulsar la energía
limpia; o de Wall Street, que busca desmantelar la reforma financiera y los
mecanismos que regulan los flujos de capital y que “quieren regresar al país a
los tiempos del casino”; o de aseguradoras que financian campañas –muy sucias- contra
la reforma de salud, o de millonarios apoyados por los republicanos para
mantener los recortes de impuestos decretados por el ex presidente, George W. Bush
para favorecer a los ricos.
Además,
ha crecido mucho el número de grupos presuntamente no lucrativos, que impulsan anuncios
de campaña, también muchas veces sucios, y que esconden cada vez más el origen
del dinero destinado a su financiamiento para atacar a los rivales políticos publica el
New
York Times.
El
referido diario ejemplifica reproduciendo un anuncio al azar: “Sentado en un
salón con carpeta roja frente a una cámara, con voz que ruge como de corredor
de apuestas de Las Vegas, el narrador dice al televidente: ‘El abuelo está
triste porque Obama cortó 455 mil millones de dólares a su
Medicare’... Yo no sé qué huele peor, si mi pañal o este nuevo proyecto de ley.
Y se
advierten las consecuencias nefastas de la reforma de salud si los votantes no
toman medidas en noviembre”.
En
el cierre de la sesión se informa a la audiencia de televisión que “esta obra
magnánima de la promoción”, fue pagada por la Coalición para la Protección de
las Personas Mayores.
Pero
¿quiénes son los miembros de dicha coalición?, se pregunta el influyente
rotativo. ¿De dónde consiguen su dinero… y por qué gastan millones de dólares en
atacar candidatos al Congreso alrededor del país? Y afirma que aunque la
respuesta resulta obvia, todavía es muy difícil contestarla, dado el creciente número
de organizaciones exentas de impuestos usadas como vehículo para gastar dinero
ilimitado en las campañas políticas.
Estos
grupos “no lucrativos” pueden reunir ilimitadas cantidades de dinero y gastar
un muy buen porcentaje de ellas en las campañas políticas. Y por lo general no
están obligados a revelar públicamente el nombre de sus donadores, lo que
facilita convencer a los donadores
a donar
todo lo que quieran y mantener su nombre en la sombra, sostiene el
Times.
En
base a un reporte de
Pblic Citizen,
el Times revela que en 2004 el 98 por ciento de dichos grupos reportaron el
nombre de sus donadores, contra apenas un 32 por ciento actualmente. Esto,
gracias a los huecos de la ley que regula el financiamiento de campañas, dice, cuyas
cantidades actuales alcanzaron hasta la semana pasada unos 100 millones de
dólares, o el doble que en el 2008.
Por
si fuera poco, la
Suprema Corte de
Justicia dictaminó recientemente que el gobierno no puede prohibir el
límite de gastos de campaña de los candidatos, liberando los montos de
donaciones provenientes de la iniciativa privada y de los sindicatos, entre otros.
Ahora
las corporaciones y los sindicatos, continúa el rotativo, pueden gastar
libremente en las elecciones, bajo el referido dictamen de la Suprema Corte,
aunque todavía deben revelar sus actividades. Por eso es que dichos grupos,
muchos constituidos
ad hoc y ‘al
vapor’, o de la noche a la mañana, grupos intermediarios que no están sujetos a
revelar la fuente de su financiamiento resultan por tanto
tan atractivos para los donadores con
intereses particulares, sostiene el periódico.
“Las corporaciones rechazan ser
asociadas a un grupo específico que impulsa anuncios de campaña”, declaró al
rotativo Paul Ryan, experto del
Centro Legal de Campañas para grupos
no partidistas en las contiendas electorales. Él dijo que en esta elección
espera ver mucho más dinero dirigido a estos grupos intermediarios.
Por su parte el
Washington Post sostiene que el secreto
en que se mueven dichos grupos es suficientemente malo y conduce a la compra de
funcionarios públicos, lo que resulta inconcebible, insiste, el no poder saber
quienes son los compradores de los políticos. |