Vuelven a ser noticia los inmigrantes y el crédito tributario por hijo,
que es el crédito rembolsable aprobado por el Congreso en 1998 para
impedir que los niños caigan en la pobreza. En esta ocasión, las
afirmaciones que se están haciendo son aun más exageradas y engañosas
que antes. Recientemente, los Senadores David Vitter (R-LA) y Marco Rubio
(R-FL) presentaron leyes por separado que tienen por objeto limitar la
elegibilidad al crédito fiscal y están politizando el tema de forma
activa a la vez que presionan por el voto en el Senado. Supuestamente,
estos proyectos de ley pretenden impedir que las personas indocumentadas
reciban el crédito fiscal por hijos.
Estos dos legisladores
justificaron el nuevo ataque al crédito rembolsable basándose en parte en la representación de un solo preparador de impuestos
- autoproclamado denunciante – quien afirma que el fraude está
generalizado en el programa. De manera consciente o muy probablemente de
manera inconsciente, la historia que contó este supuesto denunciante es
también un reconocimiento de que él mismo cometió un fraude fiscal
evidente y flagrante, lo cual es un delito grave penado con una sanción de hasta tres años de privación de libertad y una multa de 250,000 dólares.
Teniendo en cuenta las afirmaciones del preparador de impuestos sobre
el abuso programático y dado su propio reconocimiento del fraude, es de
suponer que estos senadores estarían enfocados en su erradicación. Sin
embargo, ninguno de los proyectos de ley aborda la cuestión del fraude o
el abuso del programa.
Por el contrario, Vitter y Rubio han empleado la clásica táctica de
atraer con señuelo para luego engañar. Han utilizado las inquietudes que
existen sobre el abuso (inquietudes que ellos mismos han ayudado a
sensacionalizar) para justificar una agenda totalmente diferente: la
restricción drástica de la elegibilidad de millones de hijos de familias
de bajos ingresos.
Seamos claros. El argumento central que se utiliza para justificar
estos proyectos de ley es que los contribuyentes indocumentados han
reclamado ilegalmente miles de millones de dólares en créditos fiscales.
Es claramente demostrable que ese argumento es falso, como se describe
más abajo en la destrucción de los cuatro mitos principales sobre los
inmigrantes y el crédito tributario por hijos.
Mito No. 1: en el 2010 los
contribuyentes indocumentados reclamaron ilegalmente 4,200 millones de dólares en créditos tributarios por hijos
El Congreso aprobó por primera vez en 1997 el crédito tributario por
hijos con el apoyo abrumador de la mayoría republicana como parte de la Ley de Alivio Tributario,
crédito tributario por hijos que está destinado a beneficiar a los
hijos y a ayudar a impedir que estos caigan en la pobreza. El derecho a
solicitar el crédito está vinculado al
hijo y no al padre. El
hijo por el que se reclama el crédito debe ser menor de 17 años, ser
dependiente legal del contribuyente, haber vivido con el contribuyente
durante más de la mitad del año y ser ciudadano estadounidense, haber
nacido en los EE.UU o ser un extranjero residente. El código fiscal
requiere de forma explícita la documentación de la ciudadanía o
residencia del hijo, pero no la del reclamante.
Los trabajadores indocumentados que pagan impuestos de nómina y declaran sus impuestos utilizando un Número de Identificación Individual de Contribuyente,
o ITIN (que se utiliza para personas que no son elegibles para recibir
números de Seguro Social a efectos de declarar impuestos federales), no
están cometiendo fraude al reclamar el crédito tributario por hijos a
nombre de sus hijos que viven con ellos en los EE.UU. De hecho, están
cumpliendo tanto con la letra como con el espíritu de la ley.
Mito No. 2: El dinero de los contribuyentes se les está dando a
niños que viven en otros países o a hijos que no son dependientes de los
reclamantes.
Los formularios de impuestos que deben presentarse para reclamar el
crédito tributario por hijos exigen la entrega del número de Seguro
Social del hijo o su ITIN como prueba de que es ciudadano
estadounidense, nacido en los EE.UU. o extranjero residente. También, el
hijo debe haber vivido con el contribuyente durante más de la mitad del
año para ser elegible a obtener el crédito. Además, si más de un
declarante trata de reclamar por el mismo hijo, se activa una auditoría
automática por parte del Servicio de Rentas Internas (IRS por sus siglas
en ingles). No existe evidencia de que se presenten con frecuencia las
susodichas reclamaciones dobles y, de presentarse, se resolverían a
través de una auditoria ejecutoria. Asimismo, cuando los declarantes
tratan de reclamar deducciones sospechosas como la reclamación de un
gran número de dependientes, las declaraciones de impuestos se señalan para auditoria.
Es probable que una reclamación de esa índole hecha por un declarante
de bajos ingresos sea revisada antes de que se administre el rembolso.
De haber casos en los que un contribuyente reclama créditos a nombre
de hijos que viven fuera de los EE.UU. o que están siendo reclamados por
otras personas, eso es un abuso del programa y debe ser sancionado
mediante medidas coercitivas por parte del IRS. La posible existencia de
algún fraude o abuso no justifica que se restrinja un programa que ha
evitado de forma eficaz que los niños de bajos recursos caigan en la
pobreza. Es más, existen abusos generalizados y más costosos en otras
áreas del código tributario.
Mito No. 3: Los inmigrantes indocumentados están recibiendo enormes cheques de rembolso debido al crédito
tributario por hijos y se están enriqueciendo gracias a eso.
El ingreso familiar promedio de los declarantes sin número de Seguro
Social que reclamaron el rembolso adicional por crédito tributario por
hijos en 2010 fue de unos $21,240, menos de la mitad del ingreso medio
en los EE.UU el año pasado. Y, según el Departamento del Tesoro de los
Estados Unidos, el reembolso promedio por crédito tributario por hijos
fue de unos $1,800,
lo cual exigiría tener por lo menos dos hijos dependientes. Incluso
para las familias de bajos ingresos y las que viven en comunidades
rurales, el costo anual de la crianza de un hijo
es de unos $10,000 por año, de modo que cualquier afirmación de que los inmigrantes se están “haciendo ricos” es, en el mejor de los casos, errónea.
Si la inquietud real es que el fraude o abuso tributario está
drenando las arcas del Tesoro, es curioso que los Senadores Vitter y
Rubio hayan decidido centrar su atención en este programa en particular.
En el mejor de los casos, el abuso ascendería a millones de dólares en
ingresos perdidos, que es solo una pequeña cantidad de los $4,200
millones de los declarantes de impuestos con un ITIN. Con todo, eso no
quiere decir que el monto sea insignificante y todos podemos convenir en
que cualquier caso de fraude debería erradicarse necesariamente. Pero
si lo que preocupa es la cuenta bancaria de la nación, tendría mucho más
sentido priorizar la recuperación de los ingresos comerciales y
corporativos no reportados, que ascendieron a más de $170,000 millones en el 2006 (el último año sobre el que hubo datos).
Mito No. 4: La única forma de evitar el abuso del crédito
tributario por hijos es restringir la elegibilidad solo a hijos ciudadanos o hijos de padres ciudadanos.
Los proponentes de la restricción de la elegibilidad al crédito
fiscal por hijo quieren tirar al bebé junto con el agua de baño,
atacando un crédito que ha sido diseñado para ayudar a las familias de
bajos y moderados ingresos y no para perseguir su uso fraudulento.
Además, restringir la elegibilidad afectaría de manera grave y
desproporcionada a las personas de color. Por ejemplo, es más probable
que los hijos de latinos vivan en la pobreza que cualquier otro grupo
racial o étnico y más de la mitad de los 6,1 millones de niños latinos que viven en la pobreza
son hijos nacidos en los EE.UU. de padres inmigrantes. Empujar a un
mayor número de niños aún más hacia la pobreza no seria la solución a
nuestros problemas económicos.
Una forma más puntual de limitar el fraude sería exigirle a los que
preparan los impuestos que pidan prueba de residencia del niño antes de
presentar en forma electrónica una declaración de impuestos. La
lucrativa industria de la preparación de impuestos debería llevar el
peso de la obligación de documentar la residencia de los niños porque,
en muchos casos, las personas que preparan los impuestos son culpables
de que se presenten reclamaciones falsas. Exigirles a los que preparan
las declaraciones de impuestos que pidan la documentación
correspondiente no impondría ninguna carga al IRS y ayudaría al gobierno
a asegurar que los que preparan los impuestos sean diligentes.
Conclusión
Lamentablemente, los intentos actuales de restringir la elegibilidad del crédito fiscal por hijos sigue una larga línea
de propuestas que se encuentran actualmente ante el Congreso con el fin
de compensar los gastos gubernamentales eliminando servicios que se
prestan a los estadounidenses de bajos ingresos (en este caso a los
hijos nacidos en los EE.UU. de padres inmigrantes) en vez de recurrir a
los estadounidenses más ricos que pueden pagar más. Quitarle este
importante programa a los niños que les ha tocado por casualidad tener
padres indocumentados no será la solución al problema del fraude fiscal
ni resolverá la crisis de la deuda, pero sí perjudicará de manera
significativa a algunos de nuestros ciudadanos más vulnerables.
Marshall Fitz es Director de Política Inmigratoria del Center for
American Progress. Sarah Jane Glynn es Analista de Política en el
equipo de Política Económica del Centro.
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