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De acuerdo con datos oficiales de las autoridades de
salud, México es considerado actualmente como el segundo país con más gordos en
el mundo, después de Estados Unidos; y al paso que va, “dentro de los próximos cinco
años México podría rebasar a Estados Unidos y ubicarse en el primer lugar”,
sostuvo a Línea Abierta el diputado,
Tomás Gloria Requena, integrante de la Comisión de Salud, dentro de la Cámara
de Diputados de México.
Los hábitos alimenticios de los mexicanos han cambiado
con el advenimiento de las cadenas de supermercado y de comida rápida, apunta
el Director de Noticias de Radio Bilingüe, la red de emisoras de radio pública
en español, Samuel Orozco; como Kentuky Fried Chicken, McDonald’s, Burger King,
etcétera; más el imperio de la comida industrializada o chatarra,
con papitas fritas empaquetadas, sodas, hot
dogs o toda clase de comida rica en grasas saturadas, calorías y sal, pero de
nulas propiedades verdaderamente nutritivas.
Hoy en día es más fácil conseguir una coca cola que un
vaso de agua potable en la mayoría de las escuelas públicas de México –según la
cadena McClatchy-, país donde este refresco tiene su mayor mercado; porque al
parecer los mexicanos consumen más coca cola per cápita que los mismos estadunidenses. En la ciudad de Nueva
York, por ejemplo, donde más de medio millón de mexicanos ha llegado a
establecerse en los últimos 30 años, esta comunidad compra en las tiendas de
alimentos mexicanos, que han proliferado en los cinco condados de la ciudad,
las coca colas ¡importadas desde México!
Las cadenas de comida rápida se han multiplicado
enormemente en los últimos 20 años en México, donde han hecho enormes
inversiones en franquicias de venta y en publicidad comercial. Existe un
bombardeo propagandístico por todos los medios, principalmente electrónicos y
visuales, que hace infinitamente más difícil cualquier acción para
contrarrestar dicha influencia consumista. Porque los jóvenes se hallan
literalmente sitiados por una enorme profusión de anuncios publicitarios
prácticamente las 24 horas del día.
Los consumidores mexicanos ahora abandonan rápidamente
su dieta tradicional y la sustituyen por hábitos alimenticios ajenos a su
cultura original, contribuyendo con un grave problema de salud pública, la
obesidad, que da paso a la diabetes, primera causa de muerte en México.
En la mesa familiar de muchos mexicanos de clase media por ejemplo se
ha retirado del comedor el cesto de las tortillas y en su lugar se ha puesto
el pan de barra etiquetado, en una tendencia acorde con la movilizacion en el escalafón social. Los frijoles y los nopales perdieron estatus tambien, ante las pizzas y las hamburguesas; las tortillas sin embargo no fueron derrotadas del todo, sino sólo confinadas al discreto reducto de la cocina, donde la familia toma el desayuno de manera
más discreta o informal.
En los años 90 un estudio de la Universidad de
Columbia reveló en Nueva York que en los vecindarios con población de bajos
ingresos económicos, generalmente de inmigrantes y muchos de ellos latinos, había
ocurrido una suerte de ocupación física de las cadenas de comida rápida en sus calles.
Esto provocó desde entonces un problema similar al que está padeciendo
actualmente México, aunque por fortuna se estaba identificando científicamente
ya en esos años. Vecindarios como Washington Heights, en el norte de Manhattan,
o El Bronx, por mencionar sólo a algunos, sufrieron la invasión de cadenas de
comida chatarra en sus calles desde los años 60 y 70. 30 años después esto
había generado ya un problema de obesidad en la juventud local (y también en adultos),
infinitos casos de diabetes, amputaciones y muerte. Y aunque las cadenas de
comida chatarra comenzaron a hacer algunos cambios y señalamientos en sus
dietas, las medidas han sido más bien cosméticas y el problema de salud pública
persiste. Por si fuera poco, el costo de la atención médica a dicho problema corre por cuenta principalmente
del Estado, y no de las grandes cadenas que lucran con la salud social, donde
debiera recaer más esta responsabilidad.
En el caso de México, se hace un esfuerzo legislativo
por intentar atajar esta crisis de salud. El diputado, Tomás Gloria Requena,
integrante de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, acaba de someter
una iniciativa de ley de su autoría, que intenta obligar a los fabricantes de
comida rápida que etiqueten y con esto adviertan al público sobre
contenidos y riesgos a la salud en dichos productos de consumo popular. La medida obliga a publicar
en el empaque o etiquetas de esos productos, la leyenda: “El consumo en exceso de
este producto, puede causar obesidad, y por consiguiente daños a la salud”. La
iniciativa está en comisiones, y se espera una pronta resolución para exigir
legalmente que entre vigor lo más pronto posible.
En el siguiente enlace dos investigadoras académicas de
México y Estados Unidos, y un funcionario de salud del gobierno federal
mexicano abordan este tema, en una apretada edición del programa Línea Abierta (abril, 7 de 2008) que
habitualmente conduce Samuel Orozco desde San Francisco California.
Para escuchar, haga Click aquí (8 minutos).
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