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Principios para la Reforma Inmigratoria

La necesidad de la reforma inmigratoria en Estados Unidos es incuestionable. Nuestro fallido sistema inmigratorio debilita nuestros valores nacionales centrales, daña nuestros intereses económicos y de seguridad, y disminuye nuestra posición moral en el mundo. Reformar el sistema es también crítico para tratar exitosamente otros asuntos claves como el cuidado médico y la economía.

El Congreso ya por muchos años ha supervisado una explosión de costosas e ineficaces políticas del endurecimiento de la ley que han despilfarrado millones de dólares en impuestos de los contribuyentes, enriqueciendo a grupos criminales, dividiendo familias, perturbando comunidades, y dañando economías locales en lugar de hacerle frente a las políticas fallidas con soluciones sensibles basadas en algo más conveniente para nuestra nación. En pocas palabras, el Congreso ha sacrificado nuestro interés nacional en aras de una estrategia de aplicación de mano dura destinada a fracasar.

Frente a esta crisis, a Estados Unidos le quedan tres opciones: 1) preservar el estatus quo —una opción que solo un legislador irresponsable apoyaría; 2) obligar a millones de trabajadores y familias a salir de nuestras comunidades, lo cual Center for Américan Progres, CAP, estima en un costo de más de 41 mil millones de dólares anuales; ó 3) adoptar soluciones rigurosas, pero justas y prácticas.

Nosotros en el Center for American Progress creemos que el estatus quo es insostenible. La deportación masiva es contraria a nuestro interés nacional y valores, y la única propuesta viable es la reforma inmigratoria integral. Tal reforma requeriría que los inmigrantes se registren y se legalicen, paguen impuestos, aprendan inglés y se sometan a verificaciones de sus antecedentes criminales.

Los cinco principios claves para la reforma deberían guiar al presidente y al Congreso, a medida que comienzan a re entablar esta urgente prioridad doméstica. Los principios de CAP para una reforma migratoria responsable están cimentados en la certeza de que las soluciones duraderas se derivan de políticas que defienden valores básicos estadounidenses de oportunidad, igualdad, equidad, compasión, y un compromiso con el bien común. Estos son:

Resolver el estado inmigratorio de los indocumentados

Es moralmente y económicamente inaceptable que el país más rico en el mundo tenga 12 millones de personas viviendo y funcionando en una economía clandestina en Estados Unidos. Nuestra “brillante ciudad sobre la colina” está proyectando una sombra oscura sobre un gran número de trabajadores. Estos trabajadores y sus familias están entrelazados en nuestras comunidades, pero se les impide hacerse miembros completos de nuestra sociedad. Su labor mejora la competitividad nacional y permite el crecimiento económico, pero su falta de estado legal los expone a ellos y sus homólogos estadunidenses a la manipulación y explotación.

Una reforma eficaz debe requerir a aquellos que viven en Estados Unidos ilegalmente que se registren, paguen todos sus impuestos, aprendan inglés, se sometan a verificaciones de sus antecedentes y ganen el privilegio de la ciudadanía. De esta manera el país se beneficiaria de una base más amplia de tributarios, un imperio de la ley más robusto, una fuerza laborar menos vulnerable a la explotación y un terreno llano donde todos los trabajadores puedan competir.

Mejorar los canales de inmigración legal y movilidad laboral

La globalización ha hecho que el capital, bienes y servicios se muevan más eficientemente a través de las fronteras. Sin embargo los canales legales para facilitar el movimiento laboral no ha mantenido el ritmo con este veloz adelanto a pesar de que la inmigración es parte integral de la economía estadunidense. Las demandas de competitividad global requieren un aumento general a los niveles de inmigración legal. Los inmigrantes sirven un papel importante en el éxito de la economía nacional en las salas ejecutivas y en los campos de cultivo, en el Silicon Valley y en el valle de San Fernando.

Las tendencias demográficas muestran que un Estados Unidos envejecido necesitará más trabajadores en todos los niveles de ocupación. La inmigración basada en empleo y la inmigración basada en lazos familiares se complementan mutuamente y no deben ser enfrentadas como si fueran una calculación de suma cero. Los niveles que constituyan la meta deben ser adaptados al reconocer que la inmigración es motor del dinamismo económico y para garantizar que los familiares cercanos no estén separados por años debido a antiguas limitaciones. Estados Unidos debe adoptar el cambio inevitable hacia un mercado laborar bien regularizado, global y legal para poder retener el liderazgo económico.

Proteger a los trabajadores estadunidenses

La reforma migratoria integral beneficiará a todos los trabajadores estadunidenses. Un programa que saque a los indocumentados de las sombras obligará a que los empleadores sean más responsables. Y un camino claro pero riguroso hacia la ciudadanía disminuiría la vulnerabilidad de los trabajadores frente a empleadores inescrupulosos. Esto creara una competencia justa mas no explotadora.

Cualquier reforma debe proteger a los trabajadores estadunidenses garantizando la posibilidad de defender sus derechos, incluyendo el derecho de cambiar de empleo libremente y organizarse sin temor y ganar un salario justo. Millones de trabajadores estadunidenses están desempleados en la economía actual, y debemos esforzarnos en proveer un salario justo para todos y poner fin a políticas que permiten que los empleadores desestabilicen la escala salarial de sus empleados.

Promover una identidad inclusiva estadunidense

La identidad de nuestro país es moldeada por valores centrales de igualdad, libertad y oportunidad. La inmigración y el proceso de asimilación constantemente ponen a prueba— pero esencialmente—refuerzan y profundizan nuestro compromiso con estos valores. Debemos, sin embargo, estar vigilantes para asegurarnos que los recién llegados tengan acceso a programas—de idioma y educación cívica—que facilite su integración en el tejido social y cultural de nuestra nación. La naturalización, piedra angular de la integración y el primer paso en la participación cívica de nuevos ciudadanos, debe ser accesible e impulsada.

Adoptar políticas de protección y del cumplimiento de la ley inteligente

El presupuesto anual de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos se ha más que quintuplicado desde 1993, mientras que el número de indocumentados en el país se ha triplicado, a alrededor de 12 millones durante el mismo período. La militarización de la frontera obviamente ha fallado como estrategia de control migratorio.

El gobierno federal tiene la responsabilidad fundamental de proteger el país, pero debe hacerlo combinando estrategias agudas para hacer cumplir la ley en la frontera y en el lugar de empleo con reformas legales que adopten los imperativos morales y económicos del siglo XXI. Un aumento en la inmigración legal debe ser acompañado por esfuerzos para garantizar que un sistema de inmigración moderno fomente el respeto por el imperio de la ley, los derechos legales establecidos y la privacidad. Un sistema que funcione no toleraría ni la presencia ilegal deliberada ni la violación de los derechos individuales. La reforma migratoria rigurosa pero justa re establecerá orden y control en la frontera, garantizará igualdad para empresas honestas y evitará que las empresas deshonestas ganen una ventaja injusta.

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