Noticiero Latino Center for American Progress, Washington, DC 25 de junio de 2009
La necesidad de la reforma inmigratoria en Estados Unidos es incuestionable. Nuestro fallido sistema inmigratorio
debilita nuestros valores nacionales centrales, daña nuestros intereses
económicos y de seguridad, y disminuye nuestra posición moral en el mundo. Reformar
el sistema es también crítico para tratar exitosamente otros asuntos claves
como el cuidado médico y la economía.
El Congreso ya por muchos años ha
supervisado una explosión de costosas e ineficaces políticas del endurecimiento
de la ley que han despilfarrado millones de dólares en impuestos de los
contribuyentes, enriqueciendo a grupos criminales, dividiendo familias,
perturbando comunidades, y dañando economías locales en lugar de hacerle frente
a las políticas fallidas con soluciones sensibles basadas en algo más
conveniente para nuestra nación. En pocas palabras, el Congreso ha sacrificado
nuestro interés nacional en aras de una estrategia de aplicación de mano dura
destinada a fracasar.
Frente a esta crisis, a Estados Unidos le
quedan tres opciones: 1) preservar el estatus quo —una opción que solo un
legislador irresponsable apoyaría; 2) obligar a millones de trabajadores y
familias a salir de nuestras comunidades, lo cual Center for Américan Progres, CAP,
estima en un costo de más de 41 mil millones de dólares anuales; ó 3) adoptar
soluciones rigurosas, pero justas y prácticas.
Nosotros en el Center for American
Progress creemos que el estatus quo es insostenible. La deportación masiva es
contraria a nuestro interés nacional y valores, y la única propuesta viable es
la reforma inmigratoria integral. Tal reforma requeriría que los inmigrantes se
registren y se legalicen, paguen impuestos, aprendan inglés y se sometan a
verificaciones de sus antecedentes criminales.
Los cinco principios claves para la
reforma deberían guiar al presidente y al Congreso, a medida que comienzan a re
entablar esta urgente prioridad doméstica. Los principios de CAP para una
reforma migratoria responsable están cimentados en la certeza de que las
soluciones duraderas se derivan de políticas que defienden valores básicos
estadounidenses de oportunidad, igualdad, equidad, compasión, y un compromiso
con el bien común. Estos son:
Resolver el estado inmigratorio de los
indocumentados
Es moralmente y económicamente inaceptable
que el país más rico en el mundo tenga 12 millones de personas viviendo y
funcionando en una economía clandestina en Estados Unidos. Nuestra “brillante
ciudad sobre la colina” está proyectando una sombra oscura sobre un gran número
de trabajadores. Estos trabajadores y sus familias están entrelazados en
nuestras comunidades, pero se les impide hacerse miembros completos de nuestra
sociedad. Su labor mejora la competitividad nacional y permite el crecimiento
económico, pero su falta de estado legal los expone a ellos y sus homólogos
estadunidenses a la manipulación y explotación.
Una reforma eficaz debe requerir a
aquellos que viven en Estados Unidos ilegalmente que se registren, paguen todos
sus impuestos, aprendan inglés, se sometan a verificaciones de sus antecedentes
y ganen el privilegio de la ciudadanía. De esta manera el país se beneficiaria
de una base más amplia de tributarios, un imperio de la ley más robusto, una
fuerza laborar menos vulnerable a la explotación y un terreno llano donde todos
los trabajadores puedan competir.
Mejorar los canales de inmigración legal y
movilidad laboral
La globalización ha hecho que el capital,
bienes y servicios se muevan más eficientemente a través de las fronteras. Sin
embargo los canales legales para facilitar el movimiento laboral no ha
mantenido el ritmo con este veloz adelanto a pesar de que la inmigración es
parte integral de la economía estadunidense. Las demandas de competitividad
global requieren un aumento general a los niveles de inmigración legal. Los
inmigrantes sirven un papel importante en el éxito de la economía nacional en
las salas ejecutivas y en los campos de cultivo, en el Silicon Valley y en el
valle de San Fernando.
Las tendencias demográficas muestran que
un Estados Unidos envejecido necesitará más trabajadores en todos los niveles
de ocupación. La inmigración basada en empleo y la inmigración basada en lazos
familiares se complementan mutuamente y no deben ser enfrentadas como si fueran
una calculación de suma cero. Los niveles que constituyan la meta deben ser
adaptados al reconocer que la inmigración es motor del dinamismo económico y
para garantizar que los familiares cercanos no estén separados por años debido
a antiguas limitaciones. Estados Unidos debe adoptar el cambio inevitable hacia
un mercado laborar bien regularizado, global y legal para poder retener el
liderazgo económico.
Proteger a los trabajadores estadunidenses
La reforma migratoria integral beneficiará
a todos los trabajadores estadunidenses. Un programa que saque a los
indocumentados de las sombras obligará a que los empleadores sean más
responsables. Y un camino claro pero riguroso hacia la ciudadanía disminuiría
la vulnerabilidad de los trabajadores frente a empleadores inescrupulosos. Esto
creara una competencia justa mas no explotadora.
Cualquier reforma debe proteger a los
trabajadores estadunidenses garantizando la posibilidad de defender sus
derechos, incluyendo el derecho de cambiar de empleo libremente y organizarse
sin temor y ganar un salario justo. Millones de trabajadores estadunidenses
están desempleados en la economía actual, y debemos esforzarnos en proveer un
salario justo para todos y poner fin a políticas que permiten que los
empleadores desestabilicen la escala salarial de sus empleados.
Promover una identidad inclusiva estadunidense
La identidad de nuestro país es moldeada
por valores centrales de igualdad, libertad y oportunidad. La inmigración y el
proceso de asimilación constantemente ponen a prueba— pero esencialmente—refuerzan
y profundizan nuestro compromiso con estos valores. Debemos, sin embargo, estar
vigilantes para asegurarnos que los recién llegados tengan acceso a
programas—de idioma y educación cívica—que facilite su integración en el tejido
social y cultural de nuestra nación. La naturalización, piedra angular de la
integración y el primer paso en la participación cívica de nuevos ciudadanos,
debe ser accesible e impulsada.
Adoptar políticas de protección y del
cumplimiento de la ley inteligente
El presupuesto anual de la Patrulla
Fronteriza de Estados Unidos se ha más que quintuplicado desde 1993, mientras
que el número de indocumentados en el país se ha triplicado, a alrededor de 12
millones durante el mismo período. La militarización de la frontera obviamente
ha fallado como estrategia de control migratorio.
El gobierno federal tiene la
responsabilidad fundamental de proteger el país, pero debe hacerlo combinando
estrategias agudas para hacer cumplir la ley en la frontera y en el lugar de
empleo con reformas legales que adopten los imperativos morales y económicos
del siglo XXI. Un aumento en la inmigración legal debe ser acompañado por
esfuerzos para garantizar que un sistema de inmigración moderno fomente el
respeto por el imperio de la ley, los derechos legales establecidos y la
privacidad. Un sistema que funcione no toleraría ni la presencia ilegal
deliberada ni la violación de los derechos individuales. La reforma migratoria
rigurosa pero justa re establecerá orden y control en la frontera, garantizará
igualdad para empresas honestas y evitará que las empresas deshonestas ganen
una ventaja injusta.
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