Maribel Hastings America's Voice, Washington, DC 23 de junio de 2009
Si no hay nuevas
cancelaciones, esta semana se conduciría la reunión migratoria en la Casa
Blanca, la primera bipartidista, y muchos esperamos que el encuentro provea una
mejor idea de lo que está por venir. Hay que estar pendientes de lo que se
diga, lo que no se diga y lo que se pueda leer entre líneas.
El pasado viernes
escuchamos al presidente Barack Obama hablar de concretar la reforma migratoria
"durante" su presidencia y no en el primer año de su gestión. Su
portavoz, Robert Gibbs, declaró que "sabemos que no se tienen los
votos" (para la reforma), lo cual refleja que intentan reducir las
expectativas en torno al encuentro.
Pero examinemos un poco
dónde nos encontramos.
Las redadas siguen en pie,
aunque con cambio de enfoque, según el Departamento de Seguridad Interna (DHS);
la separación familiar prevalece, al igual que las quejas por las pobres
condiciones que enfrentan los inmigrantes en los centros de detención. Hispanos
ciudadanos y residentes legales sufren las consecuencias del disfuncional
sistema migratorio, y comunidades a través del país también sienten el efecto
nefasto de las redadas a diversos niveles.
El DHS reportó que las
detenciones de indocumentados en la frontera han llegado a su nivel más bajo
desde 1973. Esto me hizo recordar que una semana antes de las elecciones de
2008 entrevisté a Obama (como Corresponsal de La Opinión en Washington en ese
momento), y el entonces candidato dijo que la crisis económica había
desacelerado la inmigración indocumentada a EE.UU "y quizá eso genere un
ambiente que facilite un poco hablarle a la gente de manera razonable sobre
lidiar con nuestros problemas fronterizos y tomar medidas severas contra los
empleadores que contratan indocumentados, pero al mismo tiempo proveyendo una
vía de ciudadanía para la gente que al presente vive en las sombras".
Es cierto que hay escollos
que superar. Aunque los sindicatos han mostrado un frente unido, una parte del
sector empresarial no está contento con la propuesta de los sindicatos de que
se cree una comisión para determinar la necesidad de los futuros flujos de
trabajadores y prefieren un plan de trabajadores temporales.
Diferencias siempre habrán,
pero si los fracasos de pasados años sirven de algo, cada sector debe estar
dispuesto a hacer concesiones razonables que permitan el avance de un plan y
que no provean a los legisladores excusas para justificar su inacción.
De otra parte, sondeo tras
sondeo demuestran que la mayoría de los estadounidenses favorecen un plan de
legalización adquirida razonable y práctico.
Lo cual va en contra de la
postura republicana de oponerse a esa reforma. Hasta el momento han caído en
oídos sordos las recomendaciones de algunas voces republicanas para que se
emplee el tema de la reforma como mecanismo para enmendar la maltrecha relación
de ese partido con los latinos.
Esos hispanos apoyan la
reforma abrumadoramente y de la misma forma apoyaron a Obama en las elecciones
de noviembre de 2008 con 67% de su voto. También apoyan a los demócratas,
aunque un reciente sondeo de Bendixen y Asociados para America's Voice encontró
que confían más en Obama que en los demócratas en el tema de la reforma.
Y con razón porque cuando
los demócratas han estado en minoría y fuera de la Casa Blanca, culpan a los
republicanos de la inacción, pero cuando han estado en mayoría en el Congreso
también culpan a los republicanos por la inacción -particularmente en la Cámara
Baja-, donde la mayoría se ha logrado agregando congresistas demócratas de
distritos conservadores y moderados reacios al tema.
Muchos legisladores -de
ambos partidos- siguen aferrados a temores y nociones de pasados años, y para
avanzar la reforma se requiere apoyo bipartidista.
Para lograr apoyo
bipartidista se requiere liderazgo efectivo, sobre todo de la mayoría
demócrata que controla la agenda legislativa.
Y del presidente. Después
de todo, fue él quien formuló grandes promesas como candidato que ha reiterado como
presidente.
Todavía le sobra capital
político, aunque es de anticipar que mientras más se adentre en batallas
legislativas difíciles, ese capital vaya mermando. Por eso urge la acción
legislativa ahora. Por eso y porque ya tenemos encima la política electoral de
2010 y 2012.
Hasta ahora un 72% de los
latinos cree que Obama cumplirá con su promesa de avanzar legislación sobre la
reforma migratoria en el primer año de su presidencia, según la encuesta de
Bendixen para America's Voice.
Ojalá no los defraude.
Maribel Hastings es Senior
Advisor de America’s Voice