|
Estados
Unidos volvió a vivir la vibrante presencia de los inmigrantes en las calles,
plazas y parques de unas 200 ciudades, grandes pequeñas y medianas. El reclamo
por una reforma migratoria comprensiva y humana, el alto a las redadas que
destrozan familias y el respeto a la dignidad de unos 12 millones de personas que
viven ‘invisibles’ o a la sombra de la sociedad, lo que permite su explotación,
ocupó el centro las masivas protestas en todo el país.

Los
inmigrantes marcharon dando una muestra de civilidad por el orden, pacifismo y
entusiasmo con que se condujeron a lo largo del país durantes esta tercera manifestación
de los inmigrantes. Reclamaron el origen precisamente inmigrante de esta nación
con la presencia de miembros de casi todas las razas y grupos étnicos del
planeta, que habitan en Estados Unidos. Y lo hicieron con banderas y en idiomas
diferentes, pero con un solo espíritu de unidad.
Además, las
decenas de miles de trabajadores que saltaron a las calles reiteraron por
tercera ocasión consecutiva la necesidad de reconocer en este país una
tradición que surgió en Chicago durante el siglo antepasado, y que dio origen a
la jornada laboral de 40 horas semanales cuando un grupo de trabajadores entre
quienes se hallaban inmigrantes fue aplastado por las fuerzas del orden para
dar paso al Día del Trabajo. Este día de reconocimiento universal a la clase
obrera, no se observaba en Estados Unidos hasta hace tres años con la llegada
de las marcha callejeras del primero de mayo que iniciaron en 2006; es pues, otra
de las grandes aportaciones de los inmigrantes a este país.
Como ya es
tradición, además de los activistas y organizadores sociales las marchas estuvieron
inundadas de niños pequeños y jóvenes adolescentes hijos de inmigrantes, que
protestaron con pancartas alusivas a la brutalidad de las redadas y al dolor que
causa a sus personas el arresto y deportación de sus padres, tanto en sus
domicilios particulares como en los centros de trabajo y espacios públicos o de
jurisdicción gubernamental, que cancela para ellos la posibilidad de un futuro
y los sume en el dolor y la desolación, o en la terrible incertidumbre.
El contexto
nacional donde se dio ayer la gran manifestación de los inmigrantes resalta más
este esfuerzo. Porque las incesantes redadas masivas que han recrudecido su
métodos hostiles en estos días y el temor a perder el trabajo en esta época de
recesión económica no frenó, aunque haya disminuido acaso su volumen en
comparación con 2006, el valor de los trabajadores que salieron a reclamar sus
derechos por la vía de la protesta callejera desafiando los peligros
inminentes.
Convertido
en un espejo de buena parte de la nación, Radio Bilingüe, a través de su
aclamado programa Línea Abierta transmitió durante dos horas consecutivas muchos
de los eventos que ocurrían en la plaza pública y las avenidas del país de los
inmigrantes, que una vez más dieron muestra de vitalidad. El equipo nacional de
sus corresponsales, y los ‘reporteros descalzos’ o ciudadanos que tomaron su
teléfono celular para informar al aire sobre los pormenores de las marchas en
sus respectivas localidades brindaron un panorama de ejemplar participación
cívica, dándole colorido a la crónica de la radio. 
De esta
manera ayer el país vio desfilar a obreros, campesinos, vendedores ambulantes, estudiantes,
amas de casa, activistas, sindicalistas, hombres, niños, mujeres, y de los ‘otros
amores’; músicos, religiosos, educadores, artistas y alguno que otro oficial
electo ( en Los Ángeles, el alcalde Antonio Villaraigosa se mantuvo vigilante
para evitar la repetición de incidentes lamentables de represión policial como
el ocurrido en el Parque McArthur), para
exigir respeto a la dignidad humana, y comprensión de parte de las autoridades
a una de las fuentes del progreso económico para este país: los trabajadores inmigrantes.
La solidaridad de la clase trabajadora se hizo
presente una vez más en las marchas. En la costa del pacífico estadunidense, los
aguerridos estibadores de puertos pararon labores en protesta a la ocupación
militar de Estados Unidos en Irak, y para saludar el Día del Trabajo y estar a
tono con la gran manifestación de sus hermanos trabajadores inmigrantes.
Y en la
ciudad de Nueva York, dos elementos nuevos le dieron un sabor interesante a la
marcha de los inmigrantes. Por un lado, la comunidad afroamericana,
tradicionalmente ajena a las causas de los inmigrantes se unió a la marcha en
un acto de reciprocidad solidaria. Por lo menso así lo anunciaron en la víspera
de la marcha. Y es que esta comunidad mantiene desde hace una semana una serie
de actos de desobediencia civil en Nueva York, en repudio al veredicto judicial
que exoneró de toda culpa a tres policías implicado en la muerte de un joven de
la raza negra, Sean Bell, quien pereció a causa de 50 disparos de los
uniformados contra su auto. Así que con discursos y pancartas la comunidad
negra de Nueva York dijo presente en la marcha.
Otro
elemento novedoso en la marcha de esta ciudad fue la presencia de activistas antibélicos,
que desde la Guerra de Vietnam protestan contra la incesante ocupación militar
estadunidense a otro países del orbe, como la invasión a Irak, y que habían
permanecido aparte de las dos marchas de los inmigrantes que precedieron a
esta, de tal forma que al tren de los inmigrantes se montaron ayer estos dos
contingentes en la marcha de la Gran
Manzana.
Hubo
también quienes en las marchas de ayer primero de mayo continuaron con su
campaña de educación y guía electoral, por ser este un año de elecciones, y
continuaron con el lema surgido precisamente en las marchas: “Hoy marchamos, y
mañana votamos’.
De esta
suerte, los inmigrantes dieron nuevamente una firme muestra de dignidad y
coraje, de solidaridad y civismo, con el ánimo de infundir en la clase política
de este país, y sobre todo en los candidatos que buscan la presidencia, para elevar
su justo reclamo por una solución que reforme la maltrecha política migratoria
de Estados Unidos.
|