Tras castrar los granos, se penaliza al productor si contamina sembrando la semilla sin permiso

Las compañías trasnacionales que impulsan propagandísticamente los cultivos genéticamente modificados, como Monsanto, DuPont-Pioner y Sygnenta, principalmente, mienten varias veces. Una, porque no aumentan la productividad, como se anuncian; producen menos semilla incluso, que no germina muy bien, y cuando germina requiere más gastos en cuidados y agroquímicos, industria ésta última que también controlan los dueños de la propiedad intelectual de los granos o cereales, entre otros cultivos. Al gastar más y producir menos obviamente quien sale perdiendo al final del ciclo agrícola es el agricultor. Además las semillas genéticamente modificadas contaminan. De tal manera que si alguien se atreve a sembrar una semilla cuya propiedad intelectual es de dichas trasnacionales, se castiga al agricultor, con penas millonarias, poruq e una vez que se propaga la contaminación a otras plantas criollas o auctótonas nada puede frenar la contamnación.
Este es el panorama que denuncia de manera alarmante y científicamente bien documentad, en el siguiente enlace, la investigadora, Silvia Riberio, para mostrarnos cómo las grandes trasnacionales, con la complicidad de gobiernos débiles y corruptos, o entreguistas de la soberanía nacional de sus respectivos países en Latinoamérica -México por ejemplo-, están sujetos a los intereses de dichas transnacionales, a quienes entregan el patrimonio nacional en negocios que además de ocultar serias violaciones a las leyes constituyen un saqueo legalizado de nuestros recursos y de nuestra historia a precios de ganga.
¿Cómo es posible que en pleno siglo 21 siga ocurriendo esta burda guerra de conquista? ¿Usted qué piensa?
Este es el panorama que denuncia de manera alarmante y científicamente bien documentad, en el siguiente enlace, la investigadora, Silvia Riberio, para mostrarnos cómo las grandes trasnacionales, con la complicidad de gobiernos débiles y corruptos, o entreguistas de la soberanía nacional de sus respectivos países en Latinoamérica -México por ejemplo-, están sujetos a los intereses de dichas transnacionales, a quienes entregan el patrimonio nacional en negocios que además de ocultar serias violaciones a las leyes constituyen un saqueo legalizado de nuestros recursos y de nuestra historia a precios de ganga.
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